lunes, 7 de marzo de 2016

Gatos y partículas

-¿Es más importante probar que algo existe o que no existe?
-La realidad seguirá siendo la misma, así que todo es cuestión de actitud.
-¿A qué te refieres?
-¿Cómo te comportas mientras no estás seguro de la existencia de algo?
-A veces ignoro el objeto de mi duda, como si no existiera. Pero otras asumo que si existe o al menos actúo teniendo en mente que es posible su existencia.
-Elige cualquiera de las posibilidades para tenerla en cuenta en nuetro ejemplo.
-Hagamos cuenta entonces que pretendo que algo no existe, y se demuestra que sí.
-¿En ese caso qué harías?
-Cambiar mi forma de actuar sobre ese asunto, pues antes no lo tenía en cuenta y ahora está claro que existe.
-¿Y si ya creías que existía?
-Seguiré actuando igual, pero con mucha más seguridad.
-¿Y en el caso de que actuaras como si no existiera tal cosa y de pronto se demuestra que llevas razón?
-También. Seguiré actuando igual.
-¿Y en caso de creer que sí pero demostrandose que no existe?
-De nuevo tendría que cambiar mi forma de actuar.
-Entonces sólo ocurrirá que cambiarás tu forma de actuar si estabas equivocado o seguirás actuando igual.
-Así es.
-Pero la realidad sigue igual tras el descubrimiento fuera cual fuera tu actitud al respecto.
-Exactamente.
-Ahí tienes a qué me refería.
-Entiendo. No es más importante una cosa que otra, ambas posibilidades aumentarán el conocimiento que tenemos sobre el tema en cuestión y afectará a las personas dependiendo de su actitud previa a saber con seguridad la existencia o no de la cosa en concreto.
-En ambos casos recuerda que a veces no podemos saber con seguridad total algo y que podría demostrarse más adelante que habíamos fallado en demostrar la existencia o no de algo. Por supuesto, también hay casos en los que podremos estar seguros totalmente.
-¿Por ejemplo?
-No podemos estar seguros de la existencia de algo en algunos casos del plano científico, pues podría ser que el experimento que demuestra la existencia de la hipotética partícula X concordase con lo que esperábamos que sucediera para ese caso, pero realmente fuera un raro comportamiento de una desconocida partícula Y. Así podríamos decir que existe la partícula X siendo en realidad sólo un efecto de la partícula Y.
-¿Y en qué casos estamos seguros?
-Imagina que metes un gato en una habitación. Al contarme lo que has hecho yo puedo creer que exista ese gato o no, pero cuando mire dentro, por mucho que tarde en encontrarlo, estaré seguro de que ese gato existe.
-¿Y en los casos de no existencia?
-Con el gato es sencillo. Es muy fácil saber si hay alguna forma en la que el gato pudo haber salido de la habitación. Si no la hay y hemos revisado todo posible lugar de la habitación, haciendo a su vez imposible que el gato se moviera a una parte de la habitación ya revisada, entonces podemos estar seguros de que no hay gato.
-¿Y con la partícula?
-Con la partícula es difícil. Habría que teorizar sobre los posibles sitios por donde podría haber "escapado" de la zona donde la buscamos e igualmente sobre cómo impedir que se mueva a un sitio donde ya la hemos buscado.
-Pero la partícula no es un gato.
-Digamos que sí. Digamos que para probar su existencia esperamos oirla maullar. Si no maulla puede ser que no exista o que no tenga las cualidades, o produzca los efectos que se esperan. Si ladra podemos decir que no existe, pero también decir que sí y que es diferente a como se había creido.
-Entiendo. Con algo como un gato podemos decir que está o no está en un sitio, porque conocemos sus cualidades. Pero con algo de lo que no estamos seguros que exista no hay modo de estar seguros de que exista o no.
-Pero no creas que se trata de que el gato tiene ventaja por ser grande.
-No, lo he entendido. La cosa que tiene tales cualidades recibe el nombre de gato y con ello podemos tener seguridad, pero una cosa, aunque sea del tamaño del gato, de la que no conocemos sus cualidades sino que las "ponemos" antes de conocerla no nos permite estar seguros de su existencia, pues conocemos sólo nuestras anticipadas cualidades, pero ni la cosa ni las cualidades reales de la cosa que creemos es la portadora de esas cualidades que hemos anticipado.
-Exacto. E incluso hay quien diría que ni tan siquiera de la existencia del gato podemos estar seguros, por más que le arañe la cara.

lunes, 15 de febrero de 2016

Vida

Llamamos vida a determinada cualidad, una cualidad emergente que no podemos entender sin acudir a los recipientes o portadores de esa cualidad, identificados por otra serie de cualidades y por enfrentamiento a sus contrarios, a los inertes. Aunque todo esto es confuso, por ejemplo, un cadáver aún "tiene vida", pero no "está vivo", sólo viven algunas de sus partes internas, entonces ¿hay distintos tipos de vida? ¿Una como conjunto de la otra o no sería eso vida sino sociedad? Porque si lo pensamos bien también los humanos nos unimos en sociedad y creamos un ser en conjunto que pareciera vivo, excepto porque sólo sus componentes son orgánicos, pero ¿no es eso lo que ocurre con casi cualquier tipo de ser vivo? Tal vez podrían crear varios niveles de lo que consideramos vida. Quizás analizando el nivel de voluntad propia que tiene cada ser, quizás por su complejidad de funcionamiento, no sé, ahora mismo no me interesa mucho este tema, lo dejaré para alguien que sepa, entre otras cosas, más biología que yo.

Lo que sí sé es que, al menos en nosotros, nuestra, a veces humilde a veces prepotente, especie, no se puede entender la vida como se entiende para el resto de organismos. Nosotros vamos más allá, no sólo en terrenos más cercanos a ese concepto de vida, como el ejemplo antes mencionado de la socidad. También desde ejemplos más claros o quizás más difusos como organismos sintéticos, que al fin y al cabo son como cualquier otra cosa, salvo que es creada por nosotros, por el organismo, no por una parte, aunque también somos capaces de tener hijos, incluso concebirlos fuera de nuestros cuerpos. Pero, y aquí llega el martillazo, ¿Qué hay de los robots? ¿Está vivo un robot que cumpla todos los requisitos para lo que llamamos comúnmente vida? ¿Qué hay de los llamados "ordenadores celulares"?

Por ello voy a dar otro sentido, o tal vez a ampliar el actual, para, al menos, nosotros. Y es que en nosotros ese concepto se queda pequeño, no sólo porque somos conscientes de la vida y, también pero no menos importante, de la muerte y su relación con la vida. Para nosotros la vida no incluye sólo la cualidad, también incluye la forma de proceder con ella, dicho en una forma un tanto redundante, nuestra vida es nuestra forma de vivirla. Pero también es como la acabamos, pues la muerte es también un acto de vida. Es nuestro fin, donde sabemos que acabaremos. Somos conscientes de nuestra mortalidad y por eso podemos involucrarnos por completo en nuestra vida, en su forma de llevarla a cabo. Quiero decir, que la vida humana está mucho más allá de los terrenos de la biología y que los humanos estamos mucho más allá de la vida entendida en su forma tradicional.

lunes, 8 de febrero de 2016

Tecnomemoria

Hablemos de la memoria, de la capacidad, no de otra cosa. ¿Hay que confiar en ella? Tenemos una capacidad natural para retener cosas, pero también tenemos otras capacidades que nos permiten sustituirla.

La tecnología, incluso la más rudimentaria, como papel y lápiz, permite una sustitución de la confianza en la memoria por la confianza en estos medios. Qué decir que incluso pueden ser más fiables que la memoria natural, pues en el ámbito de los recuerdos, digámoslo de forma sencilla, lo que almacenamos está modificado a nuestra conveniencia, y con el paso del tiempo mutará más, alejándose del recuerdo origianal. Así es que la memoria nos puede falla especialmente en estos casos, y no tengo en cuenta enfermedades u otros impedimentos que pueden hacer fallar la memoria.

Entonces ¿confiamos en la tecnología? ¿Renunciamos a las capacidades memorísticas en pos de la confianza en la tecnología? Yo opino que sí, que hay que quitar peso al valor concedido a la memoria y realzar la inventiva y otras capacidades, como la de buscar información, por encima del simple tragar y vomitar que suele ocurrir en el ámbito académico. Sí, hablo de educación.


Pero que no se me malinterprete, no quiero decir que no sea útil la memoria, me parece una gran cualidad que seguro que ha influido en nuestra capacidad de supervivencia en "edades tempranas" de la especie. Lo que quiero decir es, simplemente, que la tecnología nos hace las cosas más fáciles, y que con el nivel que tenemos de ayuda tecnológica para "memorizar" datos es mejor restarle importancia en ámbitos como la educación y conceder mérito a, por ejemplo, la inventiva.

martes, 26 de enero de 2016

Intersubjetividad como norma de convivencia

Aceptemos como presupuestos, sin que tampoco sea muy difícil, que no existe algo tal como una moral objetiva y que nuestra moral es subjetiva a nivel individual. Pero, sea por naturaleza sea por otra razón, convivimos con muchos otros individuos. ¿Cómo podemos sacar provecho de la moral? ¿Cómo hacer que sirva de punto común para políticas, leyes o lo que se quiera? No hay más remedio que buscar acuerdos entre partes, subjetivas, para constituir algo medio, aunque más hacia un lado que hacia otro normalmente (y dentro de unos límites de aceptación subjetiva de cada individuo). A este "acuerdo" de morales subjetivas lo llamamos intersubjetividad, pues no es propiamente subjetivo y, recordemos, no hay moral objetiva que se pudiera establecer como "norma justa" a cada situación.

Por ejemplo, se encuentran varias personas durante un viaje y bajo el amparo de la noche uno de ellos roba algo de comida a otro, con tan poca habilidad que es descubierto. El grupo habla sobre qué se debería hacer con él, pues nadie quiere ser robado, así que no pueden tolerar un acto como el que acaba de intentar llevar a cabo. Una persona dice que hay que matarlo, otra persona dice que vigilarlo, otra persona dice que si estaba hambriento hay que perdonarlo, otra que perdonarlo por ser la primera vez. Así que no les queda otra que llegar a un acuerdo, decidiendo finalmente que lo perdonaran esta vez, pero estará vigilado y a la siguiente vez lo matarán.

¿Qué ocurriría si en el grupo hay otra persona que está totalmente convencido de que bajo ningún concepto hay que matarlo? No aceptaría el anterior acuerdo, así que tendrían que cambiar el castigo por reincidencia o no llegaría nunca a estar de acuerdo con el grupo. Pero ¿Y si el que propone matarlo llega a aceptar matarlo por reincidencia, pero no el no matarlo nunca?

Desde luego llegar a un acuerdo es complicado, y aumenta la dificultad cuantas más personas haya y cuanto más diferentes sean sus morales. Así, la intersubjetividad es deseable (en pos de alcanzar un acuerdo), pero no siempre alcanzable.


Pero ¿Por qué es deseable la intersubjetividad? ¿Por qué hay que pactar con otras personas? Porque necesitamos convivir, necesitamos pactar reglas de convivencia con otras personas, tanto a nivel más pequeño y cercano (familia, compañeros de trabajo, vecinos) como a nivel más grande y lejano (nación, empresas, ciudades). La moral se extiende entonces desde lo personal hacia algo más global, necesitando volcarse en otras disciplinas como son la política, pero siempre por un acuerdo que hace pasar de lo subjetivo a lo intersubjetivo (nunca lo objetivo).

lunes, 28 de diciembre de 2015

Maldad y subjetividad

La maldad no se encuentra en la naturaleza. No hay plantas, animales, personas, ciudades o estrellas que sean malas, tampoco buenas. Por ello, aunque afirmo que las personas somos por naturaleza malas no quiero decir que se deba a que la maldad está en la naturaleza.

Pero si no está en la naturaleza la maldad, o la bondad, ¿Dónde está? ¿Significa esto acaso que se encuentra en lo artificial? No, no es eso. La maldad está en los juicios de las personas. Bueno, no es que esté en el juicio en sí, o que hacerlo sea malo, es que no hay nada tal como maldad o bondad, como no hay un sí o un no. Quiero decir que la maldad es el género de los actos que juzgamos como tales.

Uno puede actuar con maldad, y esto sería que actúa con una intención basada en su juicio (lo que considera un acto malvado) o según un juicio sobre el juicio de alguien más (lo que considera que alguien considera un acto malvado). También puede uno actuar con maldad, sin tener en cuenta su intención, teniendo en cuenta cómo juzgue el acto otra persona que lo observa. Aunque claro que también puede tener en cuenta la intención del que actúa (dentro de lo que cabe afirmar que se pueda conocer realmente la intención de otro).

La maldad, pues, es relativa siempre a un juicio, ya sea propio o ajeno, y no tiene porque coincidir con otro juicio. El juicio siempre va a ser personal, independientemente de lo que se declare públicamente o externamente, porque el juicio es interno.


El juicio es una reflexión interna, aunque pueda externalizarse total o parcialmente. Por supuesto, el juicio siempre estará, al menos en parte, influenciado por nuestras vivencias y experiencia, conocimiento, intención, valores, creencias y una generalidad más de cosas. El juicio es un acto propiamente moral, y como subjetivo que es, funda subjetiva a la moral (o viceversa, según como se mire). Se puede afirmar, tanto por la teoría como por la experiencia práctica que todos habremos tenido, que no hay algo tal como una moral única, que no es esta algo objetivo, aunque pueda, obviamente, haber grandes coincidencias y valores fundamentales muy semejantes o incluso iguales.

lunes, 2 de noviembre de 2015

La tiranía de los partidos

Decía Aristóteles en su Política (V, 11) que de tres tipos son las medidas que toman las tiranías para perpetuarse: "Unas para que no confíen unos en otros, otras para que no adquieran poder y otras para que piensen poco".

Más de veinte siglos después aquí estamos, con una clase política corrupta y maliciosa, en un sistema de partidos que se reparten poder y riqueza a costa del sufrimiento del pueblo, una partitocracia que reúne lo peor de la democracia, la oligarquía y la tiranía, los tres sistemas políticos en los que tantos males señala Aristóteles.

Los partidos nos enfrentan culpándose unos a otros, demonizando a cualquiera que no sean ellos mismos, y a veces incluso a alguno de ellos si les conviene para salvar su pellejo. Izquierda contra derecha, ricos contra pobres, socialistas contra capitalistas y muchos otros "bandos" reales o imaginarios, cualquier postura religiosa o ideológica, clases sociales y por si fueran pocas las etiquetas que ya hay para enfrentarnos a todos, pues todos somos ciudadanos de la misma nación, ahora hay quien se dedica a crear más lados en esta disputa eterna que es la política.

En cuanto a la adquisición de poder, es fácil ver que las últimas leyes impiden casi cualquier reclamación, vemos cómo se multan a ciudadanos por denunciar públicamente infracciones de quienes se suponen los cuerpos de seguridad del Estado, y que no tienen escrúpulos en pegar a niños, embarazadas y ancianos que simplemente piden un poco de dignidad. Por si fuera poco, la burocracia por la que hay que pasar para cualquier proceso es incluso absurda y retrasa muchísimo cualquier queja, por no hablar de los miles de inconvenientes más. Y hacerse un hueco en la política no es nada fácil, a no ser que te conviertas en uno más de estos censores.

Si pasamos al tercer tipo de medidas si que podemos reirnos fuertemente, aunque quizás deberíamos más bien ponernos a llorar desesperadamente. Desgraciadamente nuestro país no está lleno de los mejores pensadores, ni tampoco es que abunden, pero las medidas para impedir que las familias más desfavorecidas puedan permitirse mandar a sus hijos a las universidades o cualquiera otros centros de estudios, como por ejemplo el encarecimiento de matrículas, el recorte de becas o un sistema educativo que dan ganas de vomitar, hacen que cada vez vayamos a peor. El favorecimiento a la Iglesia también frena la cultura, como siempre ha pasado con la religión. No se favorece ni facilita el acceso o desarrollo de ciencias ni artes, y el ataque a la filosofía los delata muchísimo.

Así tenemos a un pueblo enfrentado, impotente e inculto que da vía libre a la corrupta clase política para que hagan cuanto quieran mientras nos entretenemos criticando a uno u otro lado y viendo programas de televisión nocivos al intelecto. Así se perpetúa la tiranía de esta odiosa jauría de perros que muerden la mano de quien les da de comer. No olvidemos que en teoría, y por desgracia sólo en teoría, es el pueblo quien tiene el poder para gobernarse como desee. ¡Y lo peor es que todavía hay quien apoya esta catástrofe!


¿Cuál es la solución a todos estos problemas? No lo sé, pero desde luego no es seguir recibiendo mordiscos y sospecho fuertemente que una buena educación puede ser una gran ayuda para acabar con muchos de los problemas.

lunes, 19 de octubre de 2015

Fábula del dragón y el fénix

Una vez hubo un dragón, dedicado a mantener en equilibrio el mundo, en cierta armonía. Pero esta armonía no gustaba a un fénix porque no le permitía libertad, así que fué a hablar con el dragón y le dijo que liberara al mundo de la armonía que nada dejaba aparecer y nada desaparecer.

El dragón se negó rotundamente, totalmente convencido y dedicado a su causa, y viendo que el fénix hacía peligrar la armonía lo mató. Pero como nada podía desaparecer de ese mundo, el fénix renació y volvió a pedir libertad, pues esa era su naturaleza, nacida de la propia falta de libertad.

Una y otra vez murió el fénix a manos del dragón y una y otra vez se levantó a reclamar libertad. El dragón, cansado de ello y temeroso de perder el control sobre el mundo, decidió destruir el mundo al completo y crear uno en el que no tuviera cabida el fénix.

El fénix se enteró y decidió sacrificar su existencia a cambio de mantener la del mundo, para salvar lo bueno que se podía conseguir de él, pues sabía que en el nuevo mundo empeoraría. Ambos querían la desaparición del fénix, pero cada uno para un objetivo muy distinto.

El dragón, finalmente consternado e impresionado, tomó por última vez la vida del fénix y esparció sus cenizas por todos los rincones del mundo, consciente de que el fénix no podía desaparecer por completo, regándolo así de libertad.

Así llegó a prosperar un pueblo que dejó de lado parte de sus limitaciones como seres del mundo armónico. Pero su naturaleza armónica iba contra la libertad y el pueblo sufría, pues ésta ya era parte de su esencia. No estaba en su existencia ya sólo la esencia del dragón, también la del fénix que clamaba libertad.

Al ver cómo este pueblo nacía y moría sin conseguir su libertad, el dragón concedió al fénix su deseo y se presentó ante el pueblo para otorgarles la libertad absoluta, el total despego de la armonía. Y el pueblo respondió que no era tarea ya del dragón dar la libertad, que era el sentido de la formación del pueblo el conseguirla para todos los individuos, que ellos la conseguirían por sí.

Así el pueblo repitió entre ellos en muchas variaciones no tan distintas la historia del fénix y el dragón, una y otra vez, esperando ser ceniza algún día para su futuro de libertad.


Y así es como yo, hijo del dragón, pero heredero de las cenizas del fénix que unieron a mi pueblo, y de las cenizas de éste, escribo las palabras que arderán y serán cenizas para hacer crecer al pueblo que ha de llegar, logrando al fin la verdadera armonía, conjunción definitiva entre el fénix y el dragón, la libertad.


lunes, 21 de septiembre de 2015

El cine: Vin Diesel vs Lisa Simpson

El cine, como la fotografía y lo que yo considero otras artes, como el cómic y la animación entre otros medios poco considerados, como también el videojuego, por ejemplo, son cómo llamarlas, "técnicas" tal vez, que despiertan el debate no sólo sobre si son o no arte, sino también el del enfrentamiento entre las obras consideradas más "culturales" y las que no.

A todos, o gran parte de nosotros, nos ha pasado alguna vez que hemos hablado con alguien, incluso uno mismo, y hemos podido observar cierta reticencia a ver películas consideradas "poco cultas", por ejemplo Fast & Furious, a veces incluso un no disimulado desprecio hacia películas de este tipo, a menudo en favor de películas consideras "cultas", que por lo general sólo son películas independientes de bajo presupuesto con una abierta crítica social, generalmente a los valores de occidente.

La diferencia que hacen es, tal vez un poco generalizada, a veces hasta cómica, entre las películas de "cine-arte" y las de "cine-entretenimiento". Pero ¿quiénes hacen estas diferencias? Generalmente, al menos por estos lugares, a los que (pondré un ejemplo un poco exagerado, pero que sabeis que no lo es tanto) sólo ven cine yugoslavo sin subtítulos (subtitular es muy comercial) en V.O. , los que sólo ven cine que es en blanco y negro a posta y otras muchas cosas del estilo, cosas que ellos, esa gente, llama "cine-arte", a todos ellos, los llamamos "gafapastas".

Pero también hay muchas otras personas que no entrarían dentro de estos "gafapastas" pero que se empeñan en que el "cine comercial" es malo a la fuerza, que no tiene valores, que no es arte, que sólo busca entretener y/o ganar dinero y que por ese simple hecho, el de no ser "cine-arte", ya no puede ser considerado cine, porque este, el cine, sólo existe como arte.

Bien, digamos que el cine es arte, me ahorraré esa discusión y la daré por ganada. Ahora veamos si puede haber cine sin arte.

Yo pienso que el arte sin intención de serlo en su producción no puede llegar a ser arte y, de paso sea dicho, también pienso que se puede incluir la ganancia de dinero en la ecuación sin tener que perder la obra su cualidad de "artística". Esto deja bien llano el terreno para que el "cine-entretenimiento", independientemente de que pretenda ganar o no dinero, exista sin ser arte, sólo cine, pues, por supuesto puede ser tan artístico como quiera, independientemente de lo que digan los "gafapastas" y otros críticos.

Así, decidimos que hay cine que puede no ser arte. Es fácil, sólo tiene que, intencionalmente, serlo y seguir las técnicas derivadas de la disciplina artísitica en concreto, en este caso el Cine, y adecuarse a ellas. De hecho, así, es arte aunque no guste mucho.

Demostramos así no sólo la posibilidad de que haya cine fuera del arte y que una película "comercial" pueda ser incluso más artística (si es que hay posibilidad de "ser más artístico") o mejor como obra de arte que otras películas que se dedican "exclusivamente" a sí mismas.

Esto último, sin duda, estará crispando a los lectores más "gafapastas", ya que podría significar que Fast & Furious tuviera un mayor o mejor valor artístico que la más "indie" de sus películas favoritas o de esas a las que rinden culto por razones absurdas e irrelevantes para casi cualquiera que no sea un historiador del cine.

No trato de decir esto ni que esas películas sean malas, sólo que esa forma de pensar es estéril y sin sentido. Es tan absurdo como negar y criticar las fotografías tomadas como recuerdo porque "no son artísticas", decir que "no son fotografía" o decir que, a la fuerza, "son arte". Es absurdo.

Hay que entender que una técnica, como hemos acordado en llamar, puede ser o no arte. Incluso en "artes tradicionales" como la arquitectura ocurre que hay "obras de arte" arquitectónicas y hay simplemente "productos" de esa técnica.

No todo el cine es arte, ni todas las películas "comerciales" deben dejar de llamarse "cine". Tampoco son mejores o peores sólo por ello, éso lo deciden los que saben sobre las técnicas de la disciplina artística que llamamos cine, lo deciden los investigadores, los historiadores del arte y desde luego no un crítico cualquiera.


"I am older than time itself" Los simpsons.



lunes, 7 de septiembre de 2015

Moral: del conocimiento a la educación

Si hubiera dos seres omnisapientes, no se comportarían igual. Cada uno conoce, sabe, interioriza de una manera. El conocimiento no es el único motor de la moral, aunque la pone tanto en movimiento como la moral al conocimiento.

El conocimiento, por sí solo, no puede ser "el bien", el fin de cada uno, la Felicidad, pues aún siendo esto totalmente subjetivo, hay otras partes que son inherentes a todo ser humano, como la política.

La política, eso sí que es algo no sólo inherente y necesario en todo ser humano sino que también un motor ineludible de camino a la Felicidad, igual que lo es cubrir las necesidades más básicas inherentes e ineludibles a nuestra condición de seres vivos.

Además, la política es un modo de asegurar que estas necesidades se cubran correctamente. Definitivamente somos, nosotros, nuestra especie, el Hombre, Zoon Politikón. Con la política somos capaces de ayudarnos unos a otros, repartir tareas, funciones, intercambiar útiles, ayudarnos, apoyarnos, enseñarnos, etc. La política es un medio necesario para mejorar nuestra vida, para colaborar adecuadamente con el objetivo de cubrir no sólo bien, sino también confortablemente, nuestras necesidades básicas y dedicar así tiempo a otros asuntos.

Pero tampoco creamos que con sólo la política basta para la Felicidad. La política es sólo un paso que cumplir para lo que sigue, un medio para continuar el camino. Pero sí podemos decir algo, que la moral es, por tanto, indispensable para nosotros, los humanos, para que encontremos la Felicidad. Y para desarrollarla bien necesitamos el conocimiento, entre otras cosas, es decir, la ética.

La moral para todos, el conocimiento para la moral, la ética para individuos, la política para sociedades, sociedades compuestas por individuos, individuos morales, individuos que conocen.

Pero también necesitamos el estudio de la moral, su conocimiento, la ética y política, para crear y garantizar un equilibrio respetuosos entre ambos, individuos y sociedad. Se necesita una herramienta, el Derecho. Y el Derecho se regular desde el Poder, que debería ser la Constitución, lo que une, forma, funda y fundamenta el y al Pueblo, la Sociedad, la Nación. Entonces, hay que estudiar la forma y contenido del Derecho para garantizar la felicidad individual y colectiva, para todos y para nadie.

¿Habría que hacer política desde el primer derecho de la sociedad? Lo que está claro es que la sociedad se construye en torno a individuos con su propia moral y su propio conocimiento, con su propia ética, y que estos individuos construyen la sociedad desde un acuerdo primordial, no reglado al uso, pero que hace surgir una conformidad entre los individuos. Tal vez se pueda llamar un Contrato Social, lo que sería un Derecho Primero. Así que sí, desde ahí se debería hacer política, porque ahí, en el Contrato Social, ya se está organizando la sociedad. Desde ahí se hará política y con ella cambiará el derecho, cambiará la sociedad, cambiarán los individuos, cambiarán las éticas, cambiarán las morales.

Pero sabemos que sólo el estudio no sirve, pues mientras estudiamos un problema, llega el momento ineludible de la decisión y ¿qué hacer si el problema y la decisión que conlleva no se pueden retrasar? ¿A qué hacemos caso entonces?

Mientras no podemos contar con la moral tenemos que confiar en algo peligroso, la emoción, que está profundamente enraizada en nuestra parte animal, instintiva, a-racional. Es entonces deseable que la emoción esté construida socialmente para "el bien", es necesaria entonces la Educación.

martes, 4 de agosto de 2015

La impotencia de la omnipotencia

Pensemos en la omnipotencia, sí, esa cualidad que te permitiría, de existir, poderlo todo. Este poder todo, como cualquier cosa planteada como "absoluto" tiene la cualidad de plantearse como paradójico.

La paradoja de la omnipotencia sería la de poder algo que un ser omnipotente no pudiese, o crear un límite a su propio poder, despojando así este límite la omnipotencia al ser omnipotente. Como alternativa, no poder esas cosas que la omnipotencia no pudiera, haciendo de nuevo que no hubiera omnipotencia.

Sin embargo, aquí veo yo un problema de formulación. Hablamos de poder y no poder, pero tenemos que plantear primero qué es lo posible, porque la omnipotencia no podría todo realmente, sólo lo posible. No sirve poder hacer posible lo imposible, porque no es posible y por tanto no rompe la omnipotencia. Entendida así, la omnipotencia es posible

Entonces, dada así la omnipotencia no se puede decir que un ser omnipotente no podría, usando el ejemplo clásico, crear una piedra tan pesada que ni él pudiera levantar, pues si no la levanta no es omnipotente y si no la crea tampoco.

¡Oh, qué pena! Parece que escucho el relamerse los labios de algunos traidores a la humanidad. Pero quienes sean mis aliados, que no desesperen, pues ahora viene lo mejor. Y es que si aceptamos la omnipotencia como decimos, única manera de salvarla, también implica aceptar que esa omnipotencia obedece a lo posible, a unas leyes ya dadas. Así que no puede haber omnipotencia en un ser que no obedezca una regulación. No puede haber lo que llamamos dios entendido como un ser que no obedece norma alguna, pues la omnipotencia te hace inexistente o esclavo de normas más allá de tu alcance.

lunes, 27 de julio de 2015

La gallina y el huevo de la consciencia

Sobre los objetos de la ética, no la moral como objeto de estudio de esta disciplina, sino sobre los objetos de aplicación de normas, valores, principios, sistemas, leyes o lo que se quiera hacer de la moral. Sobre estos objetos, cómo saber si se tiene validez. Quiero decir, cómo puedo hacer a otros partícipes de mi moral, esperar que cumplan con lo que establezco para ellos como objeto, como Otro, si es bastante obvio que ni somos iguales ni la moral puede establecerse como algo objetivo, universal.

En la moral puedes saber qué esperas de tí con respecto a lo Otro, personas, animales, instituciones, medio ambiente... pero no puedes establecer esos principios para los demás. Lo más cercano, y desde luego lo más lejos que se puede llegar de camino a la objetividad es la intersubjetividad. Hasta ahí llega el límite en el que puedes contar como objeto a una persona, y con respecto a un Otro común, incluyendo a las dos partes, es lo más cercano a lo objetivo.

Incluso cuando te tratas a tí como objeto en realidad te tratas como objeto en cuanto que eres un Otro para el Otro, pues tú y tú mismo sois uno y sólo te tienes como no-Otro en tanto que hay Otro. Es decir, tú como sujeto sólo puedes tomarte en tanto que hay Otro, sujeto como Otro propio. El Otro fundamenta tu Yo y con el Yo fundamentas el Otro, es un círculo vicioso que viene a afirmar lo que hay que dar previamente por afirmado, que hay Otro y hay Yo.

Al menos en una posición extrema podría un ser moral, un ser humano, actuar sin consideración de ningún otro excepto el propio yo, pero no hace falta decir que sería una farsa, pues no puede un hombre, no sé si por una limitación de corte metafísico o gnoseológico, tal vez ambas, o acaso simplemente por constitución física o biológica, tal vez ambas, o incluso tal vez ambas, pero un hombre no puede vivir sin un Otro y no hablo aquí de existentes vivos, sino de todo.

El hombre es incompatible con la nada, el hombre es un ser moral que busca un objeto incluso fuera de su propio Yo y en su propio Yo, busca hacerse su propio Otro o tal vez su Otro-Yo.

El problema que me queda ahora entre los dientes es saber qué se da antes, si el Otro o el Yo, porque aunque sólo te puedas tomar como Yo en tanto que hay Otro ¿cómo saber que hay Otro si no hay ya un Yo?

lunes, 20 de julio de 2015

Reflexión, espejo del Yo

¿Y si me pongo a contar una historia sobre mí mismo? Si lo hago, ese Yo de la historia no puedo ser Yo, pues estoy contando la historia, no viviendola. El pasado ya no existe más, y mis recuerdos no son mi presente, mi único momento de existencia. Sin mencionar que los recuerdos muchas veces no se corresponden con los hechos tal y como sucedieron.

Cuando uno se mira no está realmente viéndose, está mirando a un Yo que fluye continuamente, que muta y se transforma en sí mismo a cada momento. En la introspección, en la reflexión, uno se vuelva sobre sí y podríamos decir que ese Yo mirado no es el Yo que mira, ya que el Yo mirado no se está mirando.

Así, entonces, no podríamos nunca hablar de un Yo, sólo de alguien que ya no existe y del que devenimos. Pero no devenimos de la nada, somos algo que deviene en otro algo y al momento deja de ser. Es un continuo autodevenir y la reflexión nos ayuda a que la proyección que hacemos de nosotros mismos, lo que somos, sea más valiosa, más refinada.

La reflexión nos da una consciencia del Yo, permitiendo así que realmente exista ese Yo, que no seamos gente sin identidad que vaga por el mundo sin saber dónde tiene los pies. La reflexión es lo que permite descubrir que puedo contar una historia de mí mismo, la reflexión me descubre, la reflexión trae el Yo y trae el Otro.

domingo, 12 de julio de 2015

Ateísmo: 7 reflexiones

¿Qué es el ateísmo? Hay muchas personas que se declaran ateos por no seguir una religión, otros por no preocuparle la existencia o no de algo así, otros por rechazar una religión en concreto... En fin, hay mucho jaleo en torno a la palabra "ateo" que incluyen a no religiosos, agnósticos, no espirituales y una multitud de personas que parecen no tener nada en común. Bueno, la definición estándar diría algo así como "ateo es aquel que niega la existencia de algún dios". Yo voy a tratar de dibujar el concepto de ateísmo con algunas reflexiones. Entonces paso a ¿qué es el ateísmo para mí? Pero lo importante es ¿qué es para vosotros?

1.-La voluntad:
Para ser ateo, como para ser cristiano, budista, filósofo o fan del Barça, hace falta tu decisión interna, una posición, mover tu vida con un rumbo. Hace falta tu propia voluntad, así que dentro del ateísmo no podríamos incluir a niños que aún no han sido adoctrinados o convencidos por nadie, que aún no han decidido, aunque sea por dejarse arrastrar o por estupidez, la fe de ninguna de las maneras. Para ser ateo debes elegir ser ateo por propia voluntad.

2.-La fe:
Para ser ateo debes rechazar la fe en algún dios. No sirve pensar que es más probable que no exista o que aunque exista pasas de su existencia para centrarte en la tuya. Para ser ateo hay que declarar totalmente convencido que no hay dios alguno, no vale excusarse en que no puede demostrarse la no-existencia, hay que declarar que no hay posibilidad alguna de la existencia de algo así aunque no pueda probarse empírica o racionalmente o de cualquier otra manera ni su existencia ni su no-existencia.

3.-Lo sobrenatural:
Igualmente, la postura anterior nos lleva a que para ser ateo no se puede creer en dragones, hadas, unicornios o teteras voladoras. Para ser ateo hay que rechazar la creencia en lo ridículo, rechazar los mitos, supersticiones y leyendas tanto de corte religioso como de corte simplemente fantástico.

4.-El Algo:
Hay mucha gente que dice no creer en un dios, pero que cree que hay un Algo, una fuerza más allá de nuestra comprensión que quizás sea un destino, quizás las leyes físicas, quizás un observador... depende de la persona le atribuyen unas cualidades u otras, algunas más sobrenaturales (la mayoría) y otras más normales. Pero para ser ateo hay que rechazar la creencia en Algo también, si sientes la necesidad de que exista Algo, aunque sea en momentos de crisis e incluso así pienses que es una tontería, entonces no eres ateo. Destino, suerte, fuerzas desconocidas... hay que rechazarlo todo.

5.-La religión:
El ateo no sólo rechaza la creencia personal en un dios, lo sobrenatural o en Algo. El ateo rechaza la creencia en religiones, no sólo como portadoras de un mensaje teísta, también como instrumentos que mueven tu vida. El ateo construye su propia moral, sin depender de ninguna organización, aunque esta no presente ningún dios al que adorar.

6.-La muerte:
La muerte no es excusa para un ateo. Puedes aceptarla de buena gana o de mala, pero el ateo la acepta, se sabe mortal. Encontrar una excusa para reconfortarse no es cosa del ateísmo, ya sea vida tras la muerte en otro lugar o en otro cuerpo, como en la reencarnación. Pero tampoco sirve eso del "polvo eres y en polvo te convertirás", digo... "átomos eres y en átomos te convertirás". Lo que quiero decir es que aquello de buscar una especie de no-final para tu existencia es inaceptable para ser ateo. El ateo acepta que su existencia acaba con su muerte, aunque perduren su polvo, sus átomos, sus genes, sus proezas o lo que quiera decir cada uno.

7.-La acción:
El ateo no sólo sigue lo anterior y deja que los demás hagan lo que quieran, que crean o no en dioses, el ateo no sólo está convencido de la inexistencia de un dios, sino que rechaza totalmente la creencia en ello. Es decir, que no contempla como válidas las creencias en ello de los demás, rechaza totalmente la fe y la ataca. Un ateo nunca diría "yo no creo en un dios, los demás que elijan ellos, a mí me da igual", un ateo desearía que nadie creyera en nada, optaría siempre por la extinción total de cualquier opción de fe o posibilidad de ella. Un ateo nunca respetaría las creencias de los demás, porque un ateo no las quiere para él ni para nadie.


Entonces, qué es ser ateo para mí, pues el rechazo total a la creencia y a su posibilidad y vivir conforme a ello. Si de verdad eres ateo, querido lector, rechazarás totalmente mi definición y reflexionarás sobre ello para encontrar la tuya propia, que no tiene necesariamente que ser diferente. Los ateos somos subjetivos, pero no estamos perdidos y solos. Podemos vernos siempre ahí, en la intersubjetividad.

lunes, 6 de julio de 2015

¿La ciencia lo opuesto a la religión?

Si hablamos de religión como una creencia, como un sistema de creencias al que unirse, por tradición, por fe, por cualquiera que sea la razón para unirte a una creencia, y no hablamos de religión como la institución, con su burocracia interna, sus miembros, sus declaraciones, entonces, hablamos de religión como un conjunto de valores y normas morales.

Es un sistema moral, uno al que se llega, se dice que se llega, por fe y que por nada puede ser alterado. No tiene ningún fundamento, no admite crítica ni cambio, es un completo dogma.

La ética, por otro lado, es un estudio de la moral en todas sus vertientes, incluidas morales religiosas. Pero es sólo un estudio, no establece nada excepto la reflexión. La ética está para encontrar principios, valores, normas, lo que queramos para construir nuestros sistemas morales, nos dan un fundamento para establecerlos, para construirlos, y siempre quedan abiertos a cambio, pues en la ética es uno mismo el responsable del cambio, uno mismo se encarga de estudiar cada situación e interiorizarla, abstraerla, generalizarla o hacer con ella cuanto se desee para transformar la propia vida en una forma de acción, en una moral. En la ética no tiene cabida el dogma.

Es por todo esto que la alternativa a la religión no es la ciencia, como orgullosamente declaran algunos ateos y sucedáneos. La alternativa es la ética, es el rechazo al dogma, es el pensamiento, es la razón, es la filosofía.

La ciencia no se opone en absoluto a la religión, pues versa sobre lo empírico y nada más. La ciencia no tiene nada que ver con la moral, tiene que ver con el conocimiento y sólo ahí le pertenece confrontar al dogma y a la no-fundamentación. La ciencia es un camino, y no el único, que puede enfrentarse a la fe en el terreno del conocimiento, pero en el terreno de la moral la ciencia ha de callar, no debe ni puede hablar, mucho menos confrontar a nadie.

La religión es un mal terrible para la especie y la ciencia es una de las herramientas que debemos usar para extinguir ese mal, pero igual que no se puede, o no se debe, usar unos alicates para cocinar, tampoco se puede usar la ciencia para el terreno de la moral.

La ciencia debe dejar de ser tan orgullosa, de creerse tanto la disciplina única, y confiar en otras disciplinas las tareas para las que no está hecha. En este caso debería confiar en su hermana mayor, o acaso su madre, la filosofía, para llevar a cabo las tareas de ética que deben desterrar el dogma moral y la religión.

lunes, 29 de junio de 2015

Ciencia, sociedad y responsabilidad

El avance, el progreso que hace tiempo postulaban, preveían, vaticinaban, soñaban nuestros ancestros, vivos y muertos ha llegado, sigue llegando cada muy poco tiempo, antes incluso de poder soñarlo. Es muy fácil advertir en los últimos años, en lo que se viene llamando la Edad Contemporánea, ciertos hechos que sirven como hitos históricos, buenos y malos, como la conquista del espacio exterior, la bomba atómica, internet. Son hechos que sin duda marcan un avance, un progreso. Pero este progreso es sólo tecnológico, científico.

Siendo así no es de extrañar que hay tal descompensación entre este progreso y el progreso social, social por llamarlo de alguna manera. Está claro que la batalla, o la carrera, la ha ganado la ciencia y la ha perdido la sociedad, creando monstruos como uno de los hitos mencionados antes, la bomba atómica.

Tenemos una tecnología para la que, como sociedad, no estamos preparados aún, para la que la humanidad no está lista. Nuestra especie no ha desarrollado tanto la moral, la autocomprensión, la vida social y política, una cultura a la altura de la tecnología.

Este desequilibrio produce efectos como la desinformación a pesar de tener abrumadoras cantidades de información a nuestro alcance, no estamos preparados para asimilar la tecnología tan rápido como surge. Por ejemplo, buscamos una respuesta en internet, entre una cantidad enorme de información, y apenas seleccionamos, no nos paramos a pensar sobre la validez, la calidad de la información. Aún seguimos anclados en el "toda opinión es válida y correcta".

Nuestro desarrollo está basado sólo en nuestra ciencia, dejando de lado todo lo demás, dejando de lado aptitudes y actitudes que necesitamos para compaginar correctamente el avance científico con nuestra cultura.

No estamos preparados para compaginar tecnología de hace años con nuestra sociedad, y antes de que nos demos cuenta ya hay nueva tecnología. Todo esto da lugar a fenómenos tales como la tecnofobia, pero también a otros como la tecnodependencia. Da lugar al planteamiento de dilemas y problemas éticos y políticos que no da tiempo a tratar adecuadamente antes de que otros surjan gracias a una tecnología que emerge más rápido que la cultura necesaria para implantarla adecuadamente en la sociedad.

Ahí está la cuestión, el problema, arrojar a nuestro mundo el artefacto sin pararnos a pensar sobre las consecuencias de ello. La ciencia sólo por la ciencia y sin el ser humano. ¿Qué hacer? Construir una ciencia responsable, una ciencia que investigue aquello para lo que estamos preparados y espere al debate sobre los usos de una tecnología antes de usarla. Una ciencia que deje de ser altanera para volver a tener un lado humano, una filosofía que la respalde.

lunes, 15 de junio de 2015

Sin república no hay democracia

Pensemos en la democracia, la democracia tal y como se aplica en España, una democracia simplemente en la que "el pueblo ha decidido X" signifique "una parte del pueblo ha decidido, pasando por encima del resto, X". Sólo así, sin ir más allá, sin percatarnos del valor del voto de cada persona, sin percatarnos de la partitocracia que gobierna oligárquicamente. Usemos sólo el sistema de mayoría para la toma de decisiones, entendamos así, para lo que sigue, la democracia.

Bien, una vez tomado ese concepto de democracia, ese concepto que casi hacer vomitar, indaguemos un poco en busca de una respuesta. Una respuesta sobre lo democráticas que pueden ser la república y la monarquía.

La república se adecúa perfectamente a la democracia, es fácil verlo. Se proponen presidentes de la República y se elige uno cada cierto tiempo, exactamente igual que se elige al presidende del Gobierno. Pero no es así con la monarquía, la monarquía llega al puesto por herencia, nadie elige ni puede elegir al rey. No se puede quitar o poner a quien se quiera como rey, es totalmente antidemocrático entonces, es un sistema que exige la no-elección.

Llegados a este punto ya podemos ver claramente que no puede haber democracia sin una república, pues sin república no hay elección. Bien, pero si hay que elegir también habrá que elegir si se quiere la república o se quiere la monarquía ¿no?

Imaginemos que se diera a elegir, y se eligiera, como probablemente pasaría en España, la monarquía. Habría entonces que volver a celebrar estas elecciones cada poco tiempo, pues lo que el pueblo quiere en un momento puede no quererlo en otro, no sólo por cambio de mentalidad o cualquiera que sea su razón para elegir la monarquía, sino porque el pueblo mismo ya no sería el mismo, habría, sin duda, nuevos ciudadanos con derecho a participar en esta democracia.

Está claro que si no vuelves a dar a elegir estás acabando con la democracia. Así que realmente dar a elegir entre monarquía y república cada cierto tiempo sería como dar a elegir entre un candidato que tiene el título de rey y otros muchos entre los que quizás también se puedan encontrar títulos, inclusive el mismo de rey, pues nada impediría a un rey presentarse como candidato a Presidente de la República.

Pero hay otro problema, pues mientras está proclamada la monarquia y no llega el momento de permitir a los ciudadanos elegir de nuevo entre monarquía y república, el rey podría ceder su puesto como jefe de estado, como rey, a su sucesor. Nada se lo podría impedir, pues en la monarquía los ciudadanos no tienen derecho a decidir, así que tendríamos como rey a alguien por el que no escogimos la monarquía. Tal vez se podría establecer que en un momento así se tendrían que celebrar unas elecciones para ver si el pueblo quiere seguir con la monarquía o pasarse a la república.

Todo esto no sólo es ridículo y posiblemente un problema económico, de confusión en las relaciones externas y puede que incluso para instituciones internas, sino que además no tiene sentido para llamarse democracia.

Elegir una monarquía es elegir la medida antidemocrática, no vale hacerla democrática, pues en cuanto se pueda elegir al jefe de Estado estás en un sistema democrático, en una república. Lo mismo sería dar a elegir entre poder votar y no poder votar, aunque pretendamos al cabo de un tiempo volver a dar la opción de votar para decidir si queremos poder votar o no poderlo hacer, no tiene sentido.

El rey puede tener tanto como quiera su título de rey, simbólico o con privilegios, eso lo elegiría el pueblo, pero de ninguna manera puede haber una monarquía. El jefe de Estado tiene que ser elegido para que hablemos de democracia. No se puede dar la opción de que el jefe de Estado sea elegido por nacimiento, eso no es democrático.

Entonces, la república es una condición indispensable de la democracia, una condición sin la que no puede darse de ninguna manera una democracia. Ni una democracia, tal y como la hemos definido ni una verdadera democracia.


¡Viva la República!

martes, 2 de junio de 2015

La mili

La mili, el servicio militar obligatorio, que en España fué retirado hace sólo unos catorce años. La mili, que puebla y forma parte de muchas historietas y batallitas de muchos hombres españoles. Algunos la recuerdan como algo terrible, otros la recuerdan como algo fantástico, otros la recuerdan como algo sin importancia en su vida, otros no la recuerdan. Pero quiero centrarme en aquellos que, recuerden lo que recuerden, creen que la mili es necesaria.

Hay muchos hombres que piensan que la mili es necesaria en la formación de "un verdadero hombre" y achacan el aumento, desde aquellos días, de "debiluchos", de "gamberros", de "sinvergüenzas" y un montón de "problemas" más a que no han pasado la mili.

No es raro encontrarse en cualquier bar, o en cualquier lugar donde se pueda escuchar las conversaciones ajenas, a personas defendiendo totalmente convencidas la mili. No comprendo si lo hacen porque "los viejos tiempos siempre fueron mejores", porque "los hombres deben ser fuertes y bestiales", porque "el ejército es una gran cosa" o por alguna otra tontería. El caso es que hay quien la defiende pese a que sus excusas para defenderla tiemblan tanto que ellas mismas caen al suelo.

Hay mucho de la mili que no me gusta. Lo primero es la obligatoriedad, la autoridad con la que el poder decide sobre tu voluntad (claro que si eras de clase social alta te podías librar, si alguien muere que sean los pobres, siempre son los pobres quienes salen perdiendo). Tomando los tiempos de quienes hablan actualmente de ella, de la dictadura de Franco claro que no se dice nada, al fin y al cabo era una dictadura, podían hacer contigo lo que quisieran. Pero tras el fin de la dictadura aún hubo muchos años de mili... Ese poder para obligar a hacer algo es escalofriante, algo barbárico a mi entender para nuestros tiempos.

Lo segundo, y último para esta pequeña entrada, es el concepto de militarización que implica. El ejército es algo absurdo y un gasto impresionante de dinero. Peor aún, un malgasto impresionante de dinero. Mantener a toda una generación de jóvenes para formarlos militarmente es algo muy caro, más caro incluso que estúpido.

En España ya no hay mili, pero aún hoy, en el año 2015, hay muchos lugares donde la mili sigue en funcionamiento y a mí me parece muy mal, me parece fuera de lugar en nuestro tiempo, más aún de lo que ya fué en otros tiempos. Claro, que la mayoría de los países donde aún sigue vigente el servicio militar obligatorio, y son ya muy pocos, también me parecen un "aparte" en nuestro tiempo.

lunes, 25 de mayo de 2015

La oligarquía de los partidos

Democracia, lo que actualmente llamamos democracia, esa farsa. Decimos que gobernamos todos, todos y cada uno de los ciudadanos, pero no es así. Lo que hacemos es delegar nuestra voluntad de gobierno en un conjunto de personas. Claro, en una democracia a un nivel tan amplio como un país, aunque sea tan pequeño como España, es imposible que todos y cada uno tomemos parte en las decisiones sobre el gobierno, así que no queda otra solución que reducir el número de personas que se encarguen del gobierno y que ellas se hagan cargo de representarnos.

Pero una vez elegimos a nuestros representantes, de una forma odiosa como es el sistema de voto que usamos, en el que una persona vale más que otra, en el que las listas de los grupos están cerradas, en las que las opciones son tan reducidas y rígidas, entonces es cuando perdemos el poder y lo cedemos por completo a esas personas, que ya no tienen que darnos cuentas, no nos representan, sólo nos gobiernan bajo su propia voluntad.

Desde que votamos lo único que nos dejan hacer es escuchar sus mentiras, sus excusas, sus amenazas. No nos tienen en cuenta para nada excepto para conseguir de nuevo nuestro voto, y no quieren conseguirlo cumpliendo con las promesas por las que recibieron el voto, sino con medidas populistas y demagogia.

Los partidos obedecen a una burocracia de poder que intenta perpetuar sus intereses y la forma mediante la que han alcanzado el poder, los partidos trabajan por los partidos únicamente. Sólo atacan a otros partidos y los culpan de sus propios errores, nunca toman responsabilidad.

La democracia, lo que llamamos democracia, no es tal, es una oligarquía, una oligarquía de los partidos, una partitocracia total y absoluta donde el individuo no cuenta, sólo su voto. Esta democracia no es representativa del ciudadano, es representativa únicamente del partido.

martes, 19 de mayo de 2015

Tu país, tu cultura

Cuando vas a darte cuenta de tu pertenencia a un país ya es tarde para elegir. Si perteneces a un país, es muy complicado abandonarlo y unirte a otro, tienes que adaptarte a su cultura, a su modo de vivir, a su mundo. Tienes que aprender un idioma nuevo, comprar una casa, conseguir un empleo... Hay muchos problemas para un ciudadano común a la hora de cambiar su país. Normalmente naces en un país y vives ahí, asimilando esa cultura. Luego es difícil cambiarla. A mí me parece que es muy difícil abandonar tu país para ir a otro.

Hay mucha gente que dice cosas como "Si no te gusta este país, vete a otro", y lo dicen como si fuera algo fácil. A mí me parece que esa concepción del "Así son las cosas, si no te gustan vete" es molesta. Normalmente no puedes hacer algo así tan fácilmente, tienes muchos problemas para irte y también muchos motivos para quedarte, como familia, amigos, tal vez trabajo, una comodidad social mínima...

Gracias a la globalización es más fácil vivir en cualquier otro lugar del mundo sin abandonar del todo lo que dejas atrás, pero sigue siendo insuficiente. Además, me parece muy conformista, quizás incluso derrotista esa actitud. No sólo la actitud de "Aquí las cosas son así" sino también la de "No me gustan las cosas aquí, me voy". ¿Dónde queda el intentar cambiar las cosas? Quizás a veces se queda un poco grande esa tarea, pero siempre se puede intentar el cambio.

De todos modos, la globalización también ha traído varias cosas "malas" y si en tu país había algo que te moleste tanto como para abandonarlo y lo suficientemente grande como para no poder cambiarlo, como un sistema político, la democracia por ejemplo, seguramente a donde vayas te encuentres con el mismo problema.

A veces uno no quiere irse de su país para encontrar otro donde tienen lo que busca, sino tener lo que busca en su propio país. Por ejemplo, en mi caso, no me gusta la monarquía en España, pero no quiero irme a un país sin reyes, lo que quiero es hacer una república en mi propio país, no quiero conformarme ni quiero abandonar, por muy grande que sea el asunto.


En definitiva, a veces no es una buena solución huir de los problemas.

martes, 12 de mayo de 2015

La inocencia de la niñez: Rousseau vs Aristóteles

Cuando uno es niño, cuánta libertad, cuánta igualdad, cuánta sinceridad. Pero no pasa mucho tiempo para que, al crecer, aún sin dejar de ser niños, las perdamos. Cuando crecemos empezamos a sentir el mundo muy pequeño, a resignarnos y a rebelarnos. Cuando crecemos empezamos a interiorizar los prejuicios de nuestro alrededor, a despreciar por cosas que nunca nos habían importado, a separar. Cuando crecemos empezamos a mentir, a ocultar cosas, a guardar secretos.

Es imposible no darse cuenta de la influencia de nuestro entorno, nuestra cultura, nuestra educación. No surge el principio de un racismo, un sexismo, de la discriminación, hasta que no descubrimos, o nos descubren, que a las personas "menos semejantes a ti" hay que tratarlas peor que a las "más semejantes". No queremos más libertad de la que tenemos hasta que no nos privan de ella, nos castigan, nos controlan. No hay necesidad de mentir, ocultar cosas o arrepentirse hasta que no descubrimos, o nos descubren, que sólo tenemos que hacer "lo que está bien".

Nuestra cultura nos roba la libertad, la igualdad y la sinceridad. Nuestra cultura las redefine de un modo a veces estúpido, a veces cruel, a veces autoconservador, a veces todas ellas. Son los niños más pequeños, por ello, quienes mejor son capaces de sentir el mundo humano. Para ellos libertad y sinceridad son una, hacen lo que les apetece porque realmente les apetece. Y la igualdad es una palabra estúpida en su mundo, para ellos todos los niños son hermanos, todos son niños con quienes jugar y divertirse, no les importa si uno es musulmán y otro judío, si uno es amarillo y otro albino, si uno es niño y otro niña, si uno es rico y otro pobre. Están libres de prejuicios y eso los hace aún más libres.

La inocencia de la niñez que aún no ha sucumbido a los valores inculcados por la sociedad es el elemento que más felicidad, en el sentido simple de la palabra, puede otorgar. Incluso su contemplación pareciera que nos hace felices a quienes ya no podemos ser niños del todo.

A una sensación parecida debía referirse Rousseau con su utilización del "Buen salvaje" para venir a mostrar que somos, que el hombre es, "bueno" por naturaleza y que es la sociedad la que nos corrompe y hace surgir "la maldad". En parte estoy de acuerdo con él, estoy de acuerdo en que la sociedad nos cambia, en que la sociedad nos da valores que generalmente llamamos "malos" y nos roba los que generalmente llamamos "buenos".

Pero estaba muy equivocado por otra parte, pues ¿qué es el hombre si no está en sociedad? Ya decía Aristóteles que el hombre es un Zoon Politikón, un animal de la polis, de la ciudad, de la sociedad. Por eso es que hay que buscar nuestros "buenos valores" en sociedad, como hombres, pues podemos dejar de ser niños para ser bestias o para ser hombres, y ser hombre, ser Zoon Politikón es el mejor tipo de bestia que podemos llegar a ser, pues no podemos ser dioses.
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